lunes, 22 de diciembre de 2014

¿Quién es la de la calle Baltazara de Calderón?



 Calle Baltazara de Calderón
La calle Baltazara de Calderón situada en la ciudad de Cuenca, se encuentra rodeada en sentido vertical por las calles Miguel Vélez y Miguel Heredia, en el caso horizontal la rodean las calles Gran Colombia, con la cual forma una intersección, y  la Simón Bolívar.
Esta vía nace desde la calle Coronel Tálbot para terminar en la calle Padre Miguel Castro. Además esta pequeña arteria vial  de apenas tres cuadras ubicada cerca al parque San Sebastián, lleva el nombre de quien fuera la protagonista de varios hechos cívicos, ayudas benéficas, servicio comunitario y como aporte a la causa de la independencia.


 ¿Quién fue Baltazara de Calderón?

Nació en Cuenca el 6 de enero de 1806, en el hogar del cubano Francisco Calderón Díaz, quien fue ministro contador de las cajas reales de la actual capital azuaya, y de Manuela Garaycoa Llaguno, guayaquileña relacionada con varios próceres de su época. Entre los hermanos de Baltazara Calderón estuvieron Mercedes, Abdón, Carmen  y Francisco, que inscribieron sus nombres en las páginas de nuestra  historia por su ejemplar aporte a la causa de la independencia, tales los casos excepcionales de Abdón, conocido como el Héroe Niño, y Francisco.
Su padre, el coronel Francisco Calderón Díaz, quien perteneció a las escuadras republicanas para luchar por la libertad americana, fue fusilado por los realistas en 1812 en Ibarra. Tras este penoso trance, la familia Calderón Garaycoa retornó a Guayaquil y trabajó por la emancipación de la ciudad.
El entusiasmo de la viuda y sus hijos por la causa nacionalista se manifestó de diferentes maneras y jamás declinó, a pesar de la muerte del joven Abdón en junio de 1822, después de soportar mortales heridas en la batalla del Pichincha.

En 1842, Baltazara Calderón Garaycoa se casó con Vicente Rocafuerte, quien ya  había ejercido  la presidencia de la República. Luego de la muerte de su esposo, en Lima (mayo de 1847), asumió no solo el control de los bienes de Guayaquil y Lima sino la defensa de la memoria del magistrado. Entregó la biblioteca  de su esposo al colegio San Vicente del Guayas. Radicada nuevamente en Guayaquil continuó con su acostumbrada filantropía, pues apoyó obras  sociales y educativas de bien público; aportó al adelanto del Cuerpo de Bomberos de esta ciudad, entregó donaciones para  caminos en Azuay e Imbabura.

Finalmente, el 7 de junio de 1890, víctima de un doloroso cáncer, totalmente abandonada. Sus amigos y parientes la eludieron pensando que su dolencia era mortal y contagiosa.
Tiempo después, en cumplimiento de disposiciones sucesorias, se ordenó abrir los tres baúles que debían contener bienes de los cónyuges Rocafuerte-Calderón, pero solo hallaron papeles, seguramente documentos valiosísimos para la Patria. Los responsables de esa gestión juzgaron que esos papeles podrían ser causa de la
propagación  de la enfermedad que  mató a doña Baltazaran y ordenaron que, con baúles y todo,  los botaran a la ría.

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