Calle Baltazara de Calderón
La calle Baltazara de Calderón situada en la
ciudad de Cuenca, se encuentra rodeada en sentido vertical por las calles
Miguel Vélez y Miguel Heredia, en el caso horizontal la rodean las calles Gran
Colombia, con la cual forma una intersección, y la Simón Bolívar.
Esta vía nace desde la calle Coronel Tálbot para
terminar en la calle Padre Miguel Castro. Además esta pequeña arteria vial de apenas tres cuadras ubicada cerca al
parque San Sebastián, lleva el nombre de quien fuera la protagonista de varios
hechos cívicos, ayudas benéficas, servicio comunitario y como aporte a la causa
de la independencia.
¿Quién
fue Baltazara de Calderón?
Nació en Cuenca el 6 de enero de 1806, en el
hogar del cubano Francisco Calderón Díaz, quien fue ministro contador de las
cajas reales de la actual capital azuaya, y de Manuela Garaycoa Llaguno,
guayaquileña relacionada con varios próceres de su época. Entre los hermanos de Baltazara Calderón estuvieron
Mercedes, Abdón, Carmen y Francisco, que inscribieron sus nombres en las
páginas de nuestra historia por su ejemplar aporte a la causa de la
independencia, tales los casos excepcionales de Abdón, conocido como el Héroe
Niño, y Francisco.
Su padre, el coronel Francisco
Calderón Díaz, quien perteneció a las escuadras republicanas para luchar por la
libertad americana, fue fusilado por los realistas en 1812 en Ibarra. Tras este
penoso trance, la familia Calderón Garaycoa retornó a Guayaquil y trabajó por
la emancipación de la ciudad.
El entusiasmo de la viuda y sus
hijos por la causa nacionalista se manifestó de diferentes maneras y jamás
declinó, a pesar de la muerte del joven Abdón en junio de 1822, después de
soportar mortales heridas en la batalla del Pichincha.
En 1842, Baltazara Calderón Garaycoa
se casó con Vicente Rocafuerte, quien ya había ejercido la presidencia de la República. Luego de la
muerte de su esposo, en Lima (mayo de 1847), asumió no solo el control de los
bienes de Guayaquil y Lima sino la defensa de la memoria del magistrado.
Entregó la biblioteca de su esposo al colegio San Vicente del Guayas.
Radicada nuevamente en Guayaquil continuó con su acostumbrada filantropía, pues
apoyó obras sociales y educativas de bien público; aportó al adelanto del
Cuerpo de Bomberos de esta ciudad, entregó donaciones para caminos
en Azuay e Imbabura.
Finalmente, el 7 de junio de 1890, víctima de un
doloroso cáncer, totalmente abandonada. Sus amigos y parientes la eludieron
pensando que su dolencia era mortal y contagiosa.
Tiempo después, en cumplimiento de disposiciones
sucesorias, se ordenó abrir los tres baúles que debían contener bienes de los
cónyuges Rocafuerte-Calderón, pero solo hallaron papeles, seguramente
documentos valiosísimos para la Patria. Los responsables de esa gestión
juzgaron que esos papeles podrían ser causa de la
propagación de la enfermedad que mató a doña Baltazaran y ordenaron que, con baúles y todo, los botaran a la ría.
propagación de la enfermedad que mató a doña Baltazaran y ordenaron que, con baúles y todo, los botaran a la ría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario